Erzsébet Báthory: 3 mentiras sobre la condesa más escalofriante de la historia

Se bañaba en sangre de doncellas para conservar la juventud. Es la imagen que todo el mundo tiene de Erzsébet Báthory, la condesa húngara conocida como la Condesa Sangrienta y presentada a menudo como la mayor asesina en serie de la historia. El problema es que esa escena, la más famosa de todas, no aparece en ninguna de las actas de su juicio. Ni en una sola.

Lo que sí está documentado es igual de perturbador, pero por motivos muy distintos.

Quién fue Erzsébet Báthory

Nacida en 1560, Báthory pertenecía a una de las familias más poderosas de Europa del Este. Su tío fue rey de Polonia; su primo, príncipe de Transilvania: la misma tierra que un siglo antes había gobernado Vlad el Empalador. Con quince años se casó con el noble Ferenc Nádasdy, un militar que pasaba largas temporadas en campaña.

Cuando su marido murió en 1604, Báthory se quedó sola al frente de varios castillos, cientos de sirvientes y una de las mayores fortunas del reino. Ese último dato, la fortuna, va a ser importante.

Como tantas otras mujeres que la historia olvidó o reescribió a su antojo, lo que sabemos de ella nos llegó filtrado por quienes tenían algo que ganar.

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Mentira nº 1: los baños de sangre

Es la imagen que ha vendido novelas, películas y videojuegos durante décadas. Y es también la parte más fácil de descartar.

La acusación de bañarse en sangre no figura en los testimonios recogidos en 1610 y 1611. Apareció más de cien años después, en un libro publicado en 1729 por el jesuita László Turóczi, que recogía tradiciones orales de la zona. De ahí saltó a la literatura romántica del XIX y ya no salió nunca.

Lo que sí recogen las actas son acusaciones de torturas y de la muerte de un número indeterminado de sirvientas. La cifra de 650 víctimas que suele citarse procede de un único testimonio de segunda mano, y la mayoría de historiadores la considera inverosímil.

Mentira nº 2: que fue juzgada y condenada

Esto sorprende a casi todo el mundo: Erzsébet Báthory nunca fue sometida a juicio.

En diciembre de 1610, el palatino de Hungría, Jorge Thurzó —pariente suyo—, irrumpió en el castillo de Csejte y la puso bajo arresto. Sus cuatro criados sí fueron juzgados en un proceso rápido; tres de ellos fueron ejecutados.

Ella no. Un juicio público a una Báthory habría obligado a airear los negocios de media aristocracia húngara y habría deshonrado a un linaje emparentado con dos casas reinantes. Así que se optó por una solución silenciosa.

La encerraron en una habitación de su propio castillo y tapiaron puertas y ventanas, dejando únicamente una pequeña abertura para pasarle la comida y el aire. Vivió emparedada casi cuatro años. La encontraron muerta en el suelo en agosto de 1614.

Sin sentencia, sin condena y sin defensa posible.

Mentira nº 3: que el motivo era solo la justicia

Aquí entra la lectura que más ha ganado peso entre los historiadores en las últimas décadas, y la que hace que la historia de Erzsébet Báthory se lea de otra manera.

Báthory era acreedora de la Corona húngara. El rey Matías II le debía una suma enorme, heredada de los préstamos que su marido había hecho para financiar las guerras contra los otomanos. Era una deuda que la Corona no estaba en condiciones de devolver.

Con la condesa arrestada y sus bienes intervenidos, esa deuda dejaba de ser un problema. Sus vastas propiedades quedaron repartidas entre familiares, y el propio Thurzó —el hombre que dirigió la detención y decidió que no habría juicio— era una de las figuras que salía beneficiada del reparto.

Eso no demuestra que Báthory fuera inocente. Los testimonios sobre malos tratos a sirvientas existen y son numerosos. Pero sí explica por qué el proceso se hizo como se hizo: con prisa, sin juicio y con la acusada silenciada para siempre.

Entonces, ¿fue culpable?

La respuesta honesta es que no se puede saber con certeza. Los testimonios se obtuvieron bajo tortura, algo habitual en la época y que los invalida como prueba fiable. Nunca hubo defensa. Y quien instruyó el caso tenía un interés económico directo en el resultado.

Lo más probable, según los estudios recientes, es que haya algo de verdad en el fondo —la violencia de los señores feudales contra sus siervos era real y cotidiana— y mucha exageración en la forma. Báthory pudo ser una señora cruel en una época de señores crueles, y a la vez el blanco perfecto para un expolio con coartada.

Erzsébet Báthory

Por qué la leyenda de Erzsébet Báthory sigue viva

Cuatro siglos después, seguimos contando la versión de los baños de sangre y no la de la deuda impagada. Y eso dice bastante.

La condesa vampira es una historia más cómoda: un monstruo aislado, una anomalía. La otra versión implica a un rey, a un palatino y a un sistema entero. Es menos morbosa y mucho más incómoda.

Erzsébet Báthory pudo ser culpable, inocente, o las dos cosas a medias. Lo que es seguro es que nadie se lo preguntó nunca, porque a una mujer con demasiado poder y demasiado dinero siempre ha sido más fácil convertirla en bruja que enfrentarse a ella.

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