Fue la primera persona de la historia en ganar dos premios Nobel, y la única en lograrlo en dos ciencias distintas. Descubrió elementos que cambiaron la física y la medicina. Y lo hizo manipulando sustancias tan peligrosas que acabaron matándola, sin que ella lo supiera. La historia de Marie Curie es la de un genio que abrió las puertas de la era atómica pagando el precio más alto: su propia vida. Casi un siglo después de su muerte, sus cuadernos de laboratorio siguen siendo tan radiactivos que hay que consultarlos con equipo de protección.
Quién fue Marie Curie
Nació en Varsovia en 1867 con el nombre de Maria Skłodowska, en una Polonia entonces ocupada por el Imperio ruso. Desde niña destacó por su inteligencia excepcional, pero siendo mujer y en un país sometido, tenía todas las puertas cerradas para estudiar ciencia.
Para acceder a la universidad tuvo que emigrar a París, donde se matriculó en la Sorbona en condiciones muy humildes, pasando frío y hambre mientras estudiaba física y matemáticas. Allí conoció a Pierre Curie, un físico brillante con el que se casó y con quien formó una de las parejas científicas más importantes de la historia.

El descubrimiento de la radiactividad
El trabajo que hizo inmortal a Marie Curie comenzó con una pregunta: ¿por qué ciertos minerales, como los que contienen uranio, emitían una radiación misteriosa?
Investigando ese fenómeno, al que ella misma dio el nombre de «radiactividad», Marie y Pierre descubrieron dos elementos químicos nuevos. Al primero lo llamó polonio, en honor a su Polonia natal. Al segundo, radio, por su intensa radiación.
Para aislar cantidades mínimas de estos elementos, los Curie procesaron toneladas de un mineral llamado pechblenda, en un cobertizo mal ventilado, removiendo enormes cubas de material durante años. Trabajaban rodeados de radiación, sin ninguna protección, porque nadie en el mundo sabía todavía lo peligrosa que era.
En 1903, Marie Curie se convirtió en la primera mujer en recibir un premio Nobel, el de Física, compartido con Pierre y con Henri Becquerel.
La única persona con dos Nobel en dos ciencias
La tragedia golpeó en 1906: Pierre murió atropellado por un carruaje en una calle de París. Marie, devastada, ocupó su cátedra en la Sorbona, convirtiéndose en la primera mujer en dar clase en aquella universidad.
Y siguió trabajando. En 1911 recibió su segundo premio Nobel, esta vez de Química, por el descubrimiento del radio y el polonio. Con ello, Marie Curie se convirtió en la primera persona de la historia en ganar dos premios Nobel, y sigue siendo la única que los ha ganado en dos disciplinas científicas diferentes.
Un logro monumental en una época en la que muchos ni siquiera aceptaban que una mujer pudiera hacer ciencia de primer nivel.
El precio oculto de la radiactividad
Lo que ni Marie ni nadie sabía entonces es que aquella radiación que tanto la fascinaba la estaba envenenando lentamente.
Durante décadas manipuló materiales radiactivos con las manos desnudas. Guardaba muestras de radio en los cajones de su escritorio, fascinada por la luz azulada que emitían en la oscuridad. Sus cuadernos, su ropa, sus muebles, todo quedó impregnado de radiación.
La exposición prolongada le fue destruyendo el organismo. Marie Curie murió en 1934 de anemia aplásica, una enfermedad de la sangre casi con toda seguridad provocada por su larguísima exposición a la radiactividad. El descubrimiento que la hizo inmortal fue también el que la mató.

Cuadernos radiactivos casi un siglo después
Hay un detalle que resume mejor que ningún otro el legado físico de Marie Curie.
Sus cuadernos de laboratorio, sus notas manuscritas, todavía hoy son tan radiactivos que se conservan en cajas forradas de plomo en la Biblioteca Nacional de Francia. Cualquiera que quiera consultarlos debe firmar una declaración de responsabilidad y protegerse, porque seguirán siendo peligrosos durante unos 1.500 años más.
El radio que ella descubrió sigue emitiendo radiación desde las páginas donde anotó sus experimentos, casi un siglo después de su muerte. Es, quizá, el recordatorio más impresionante de lo que costó abrir la puerta a la ciencia moderna.
Por qué la historia de Marie Curie sigue fascinando
Marie Curie no fue olvidada como otras mujeres de la historia: su nombre es mundialmente conocido. Pero detrás del icono hay una historia que a menudo se cuenta a medias.
La de una inmigrante pobre que llegó a París sin apenas recursos. La de una mujer que tuvo que luchar contra el machismo de su época incluso después de ganar dos Nobel: cuando su vida privada fue atacada por la prensa, hubo quien pidió que le retiraran los premios. La de una científica que puso el conocimiento por encima de su propia seguridad, sin saber que ese conocimiento la estaba matando.
Sus descubrimientos hicieron posibles los tratamientos de radioterapia contra el cáncer que hoy salvan millones de vidas. Marie Curie murió por la radiactividad, pero esa misma radiactividad, bien usada, sigue curando a personas cada día. Pocas figuras encarnan mejor la doble cara del conocimiento: el poder de curar y el poder de destruir, en las manos de una misma mujer.
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